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Murakami y el texto sin intención | Opinión

Advertencia: Las obras fueron leídas a partir de la traducción realizada por Lourdes Porta. Quiero aclarar que mi opinión está parcializada a partir del texto en español.

 


Después de tres breves lecturas (Sauce ciego, mujer dormida; La luciérnaga y Los gatos antropófagos) realizadas en una antología de cuentos titulado Sauce ciego, mujer dormida del autor japones Haruki Murakami, pude responder a una interrogante que me perseguía a partir de la lectura de sus novelas: ¿Por qué me sabe tan poco sus propuestas ficcionales? Es como si la narrativa me trasladara como lector a un rincón que promete ser interesante, pero al final no llega a nada. Esto indica claramente un indicio de mala práctica narrativa. Esto último es justo la propuesta de este escrito: analizar, a partir de estos tres relatos, características que indiquen la incapacidad de los textos de glorificarse a sí mismos.

Si el lector agudo reconoce en mi escritura una clase de matiz personal es justamente porque quiero resaltar una de las características que más destaca a través de una lectura superficial: la pretensión de intimidad. Murakami en las tres obras analizadas reitera hasta el cansancio una clase de estructura donde el protagonista se posiciona desde lejos de las acciones para aparentemente involucrarse física y emocionalmente en los sucesos. Remarco el “aparentemente” porque considero es uno de los principales comentarios que quiero hacer de las obras analizadas: el protagonista realmente no se involucra en su totalidad en la acción dramática, ya que al finalizar los relatos no se presenta un estado B del personaje. En otras palabras, no evoluciona. Esto no se debe a la propia construcción del protagonista (exceptuando en Sauce viejo, mujer dormida donde es sumamente plano e insulso), sino en la finalización de los relatos sin el esclarecimiento de varias incógnitas planteadas. Se puede objetar que esto último es un recurso literario que utiliza Murakami para darle un papel activo al lector, pero el detalle se encuentra en que las interrogantes que no se resuelven son esenciales para la construcción del texto. Puedo poner de ejemplo en Los gatos antropófagos la desaparición de Izumi que, siendo ella una base metafísica de la identidad del protagonista (tema central del relato), desconocemos si nuevamente aparece para dar inicio al estado B (que es después de darse cuenta de que ella es parte inseparable de su nueva identidad). Murakami nos invita a imaginar una sección de la historia que no nos corresponde como lectores, ya que ese estado debe ser dado y nosotros juzgarlo.

Con lo anterior puedo dar pie a la segunda gran característica de las obras analizadas del autor japonés: el personaje femenino y su caracterización misteriosa. En todas las obras es recurrente este recurso, siendo prácticamente desaprovechado por el autor en más de una ocasión. Puedo poner de ejemplo a Naoko de La luciérnaga, cuya mayor característica es ser la novia del amigo suicida del protagonista. A través de la desconstrucción del personaje, podemos observar simplemente un elemento que provoca en el lector únicamente extrañamiento. Esto considero es un desacierto, ya que el personaje puede aportar a la construcción de la trama a partir de su participación indirecta. Se puede objetar que esto es un recurso que utiliza Murakami para dotar de realismo a la obra, ya que no conocemos al cien por ciento las intenciones ideológicas o emocionales de las personas que nos rodean, pero realmente no se lograría este objetivo imaginario porque no logramos conocer más al personaje (salvo algunos esbozos) que nos indiquen que justamente su existencia en la obra es ser misteriosa. Inclusive en personajes (Izumi y la novia del amigo en Sauce viejo, mujer dormida) donde se presta más la posibilidad de presentación de la opinión de los actos ocurridos es omitida. Al final, el lector puede percibir con facilidad que los personajes femeninos solo son una excusa para narrar una historia monológica que pretende entablar una reflexión (obviamente dirigida a cierto encauce ideológico).

Rescatando ciertos elementos que son destacables, como la capacidad del autor por construir un protagonista con ciertos elementos que lo vuelven reconocible (superficialmente) y la capacidad de mantener mi atención a los acontecimientos la mayoría del tiempo, debo de resaltar un acontecimiento que me deja aturdido: conforme pasa el tiempo, Murakami, pierde esta habilidad hasta finalmente crear al protagonista superficial de Sauce viejo, mujer dormida. Tal vez esto se deba a que el autor no posee ninguna propuesta estética más allá del cambio de forma (aunque, como ya lo analicé, es un cambio ilusorio) y fondo. Es como si se parodiara a sí mismo hasta crear obras cada vez más insuficientes. Está claro que más que relatos con intenciones literarias son simples textos/experimentos que realizó su autor en su momento para escribir otras obras más extensas, siendo esto último comprobado a partir del prólogo: “En este sentido, para mí el cuento es una especie de laboratorio experimental como novelista” (Murakami, 2008).

Como conclusión puedo afirmar que Haruki Murakami presenta una ejecución pobre con temas interesantes sin explotar. Siendo finalmente sus obras analizadas en este artículo de opinión (incluyendo las novelas) textos sin intención literaria que tienen el potencial de ser obras interesantes.


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