Recientemente he leído La niebla (1980) de Stephen King. No profundizaré en ningún detalle sobre el texto, ya que considero no existe nada destacable en él: inconsistencia en el ritmo narrativo, construcción mediocre del personaje infantil, incomprensión sobre el género literario del cuento y carencia de alguna propuesta literaria. Sin embargo, considero pertinente detenerme e iniciar este cuarto ciclo de lecturas vacacionales meditando sobre las producciones textuales que intentan llamarse literarias. Antes de iniciar un desarrollo total de mis pensamientos considero fundamental meditar alrededor de una pregunta: si un texto es creado conscientemente para funcionar como una mercancía rentable, ¿Puede ser considerado como un texto literario? Soy consciente de que existe una relación profunda entre la edición y producción de textos literarios. Toda editorial busco desde los inicios de la imprenta de usos móviles la producción rentable y remunerable de los textos producidos; sin em...
Amuleto y la esperanza en las juventudes latinoamericanas Realmente es un gusto llevarme una sorpresa. Inicie la lectura de esta novela algo escéptico debido a la popularidad que tomó su autor en los últimos años. Las palabras de alabanza y admiración por parte de mis colegas me dejaban un pequeño margen de duda ante el valor real del texto. No porque dudará de la capacidad crítica de mis compañeros, sino por el prejuicio adquirido hacia la producción artística de los últimos tiempos: si es popular posee irremediablemente un olor fétido de mercancía para complacer masas pasivas. Su concepción es la necesidad de la venta, no de la búsqueda del discurso literario. Sus letras son calculadas con precisión de relojero para dotar a las palabras de impacto mercadotécnico. Los temas se retuercen a través de la condescendencia al consumidor. Inclusive ahora no es necesario un escritor, las nuevas herramientas tecnológicas (hasta hoy puros sedantes cognitivos) permiten que la labor litera...