Considero importante señalar el
trabajo del narrador homodiegético en la construcción de la perspectiva infantil.
Existe una presencia constante de que este narrador no está posicionado desde
la representación de una entidad madura, sino se posiciona en el cúmulo de
sentidos que solo le puede dar en el ocaso de la infancia. Es innegable que en
momentos muy específicos el narrador traiciona este carácter: un ejemplo puede
ser la utilización de palabras de difícil empleo para un niño (“almidonada”, “vanguardia
de la corriente” y/o “cloroformo”).
Sin más que agregar en los
aspectos técnicos, puedo desprender de mí una reflexión sobre el manejo del
texto sobre la “adultez”. Considero que probablemente exista una clase de
concepción estereotípica sobre lo que es volverse adulto. Para esclarecer mi
punto debo primero aclarar algo. A pesar del truco ilusorio que pueda causar el
narrador infantilizado, el texto inevitablemente tendrá incrustado dentro de su
composición elementos que lo distinga como una obra escrita por un adulto. Para
poder observar esto se necesita una simple pregunta: ¿Cómo define la novela la
adultez?
De forma breve puedo afirmar que
existen tres pilares de cimentación para el concepto “adulto” dentro de la
novela El solitario Atlántico (1958): la sexualidad, la política y la
muerte. Ejes donde la obra se apoya para representar aquellas situaciones donde
la perspectiva infantil destaca por su inocencia. A partir de esto debemos
realizar una reflexión crítica y preguntarnos: ¿la adultez solo consiste en
esto? En lo absoluto podemos responder de forma inmediata, ¿dónde queda la
responsabilidad de los actos o la meditación sobre el mundo por encima de las
impresiones? Estoy consciente que el texto no puede abarcar idealmente todos
los elementos en las que se embarca la vida adulta; sin embargo, la selección
de estos ejes temáticos revela dentro del texto una concepción superficial de
lo que es la vida adulta.[1]
No quiero caer en la pedantería de académico arcaico y fatuo que exige parámetros
intransigentes[2] a
un texto literario; sin embargo, considero importante discutir cómo las obras
estéticas conciben ciertos conceptos y los representan. Pueden existir dentro
de estos conceptos pistas de cómo la superestructura ideológica está
funcionando dentro del pensamiento de los sujetos.
Volviendo a la novela, considero
que el texto emplea una construcción sumamente reducida sobre la vida adulta. Considero
que la selección de los pilares temáticos está motivada indudablemente por la convulsión
social vivida en México después de la revolución. Puedo seguir desarrollando más
de la fractura posrevolucionarias por un gran espacio de hoja, mas considero
que ya me he alargado mucho con esta reflexión y he expuesto lo transcendental.
Dejo el tema para otro escrito.
8/10
[1]
Por si acaso, estoy consciente de que el concepto adulto es una construcción social.
Sin embargo, es innegable que existen evidencias físicas en los sujetos adultos
que los capacita con mejores habilidades cognitivas por encima de los sujetos en
etapa infantil. Todo esto gracias al desarrollo de la corteza prefrontal.
[2] Provenientes
de una cloaca ideológica que disfrazan de verdad inamovible.
Nota después de redactar el texto:
Estaba apunto de subir el texto al blog y un susurro (de esos tan molestos porque no puedes describirlos de forma precisa) surgió momentos antes de accionar mi dedo: ¿Realmente este texto es una novela? Técnicamente no, esta más cerca de ser un relato por la ausencia de múltiples diégesis y una construcción simple del mundo ficcional. Releo ahora este texto que he escrito y encuentro pequeñas marcas de mi torpe capacidad para seleccionar la palabra exacta. Pido disculpas si el lector y la lectora encuentra también esas ámpulas incómodas.
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