Aunque me parecía imposible, dentro del texto literario existe la capacidad de resaltar por alguno de estos valores compositivos únicamente: discursivo o estético. Mi parva formación me había dirigido a pensar que estos dos componentes eran indudablemente inseparables. Sin embargo, inicio mi lectura de la novela Orgullo y prejuicio (1817) de Jane Austen y esta pauta metodológica queda obsoleta. Por un lado, observo un claro discurso clasista que perpetúa pautas de dominación; por otro, encuentro la presencia de un foco narrativo dirigido por los personajes femeninos [1] que a su vez posiciona su capacidad de acción en primer plano. Este doble carácter me obliga a concebir la obra literaria que hoy analizo a través de matices críticos. No puede ser rechazada totalmente por su ideología burguesa, ya que posee un hito importante dentro de la literatura: el posicionamiento del discurso femenino dentro de la orbita de consumo. Es un error afirmar que antes de esta novela no existe...
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