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Orgullo y prejuicio (1817) de Jane Austen | Reseña

 

Aunque me parecía imposible, dentro del texto literario existe la capacidad de resaltar por alguno de estos valores compositivos únicamente: discursivo o estético. Mi parva formación me había dirigido a pensar que estos dos componentes eran indudablemente inseparables. Sin embargo, inicio mi lectura de la novela Orgullo y prejuicio (1817) de Jane Austen y esta pauta metodológica queda obsoleta. Por un lado, observo un claro discurso clasista que perpetúa pautas de dominación; por otro, encuentro la presencia de un foco narrativo dirigido por los personajes femeninos[1] que a su vez posiciona su capacidad de acción en primer plano. Este doble carácter me obliga a concebir la obra literaria que hoy analizo a través de matices críticos. No puede ser rechazada totalmente por su ideología burguesa, ya que posee un hito importante dentro de la literatura: el posicionamiento del discurso femenino dentro de la orbita de consumo.

Es un error afirmar que antes de esta novela no existen obras literarias con un discurso que ponga en primer plano la experiencia femenina.[2] Sin embargo, debo de admitir que no es tan usual encontrar obras con esta propuesta estética tan transgresora en los mecanismos usuales de producción literaria. Por lo tanto, decido detenerme en este aspecto para inspeccionar con detenimiento. Una pregunta surge a través de esto: ¿Por qué el texto opta por dotar de importancia el discurso femenino? ¿Únicamente se trata de una clase de empoderamiento?

Las respuestas resultan obvias desde nuestra perspectiva histórica-social: la novela busca posicionar a las mujeres en un escalón equivalente al del hombre. Sin embargo, resalta que el texto no relata la historia de mujeres que pueden posicionar su valía en el mismo nivel jerárquico de los hombres[3] o que represente a todo el sexo femenino[4]. Dos cosas concluimos a partir de esto: el texto no nos narra la superación jerárquica de la mujer[5], sino la capacidad del sujeto burgués femenino a decidir sobre su voluntad amorosa. No busco realizar un señalamiento despectivo respecto a la ideología burguesa del texto; sin embargo, quiero dejar de precedente que el texto debe ser resignificado a partir de esto. A pesar de que la acción sea mediada a través de los personajes femeninos, realmente no existe una capacidad real de ejecución en sus actos. Darcy cambió gracias a Elizabeth, mas ella no quiere que su “ser superior” sea hostigado por las malas costumbres de los demás.[6] Lizzy reafirma su posición enfrente de lady Catherine, mas ella está consciente de la posición ventajosa de su matrimonio. Nuestra protagonista acepta el error de su orgullo desmedido, mas ahora es su responsabilidad afinar el orgullo de su marido.

El hito del foco narrativo desde la perspectiva del sujeto burgués femenino es algo innegable, posee todos los elementos de excelencia dentro de su periodo estético: protagonistas en dupla de opuestos[7], contenido moral y didáctico, “rebeldía” ante los mecanismos de poder imperante, héroe problemático y un “yo” narrativo sumamente presente. Todo esto se lo atribuyo sin problemas; sin embargo, es importante que pongamos en su sitio la obra para así posicionarla como un texto sumamente destacable que su posicionamiento dentro de su periodo histórico es crucial para disfrutar plenamente la obra. Sin esto, únicamente destacan discursos sumamente cuestionables.

 

7/10



[1] Elemento transgresor, dicho sea de paso.

[2] Ignorar la existencia de la obra poética de Sor Juana Inés de la Cruz lo considero una ofensa.

[3] Prácticamente todo el texto se centra en la importancia de que las mujeres encuentren a un buen marido que sepa amarlas y pueda posicionarse como un “ser superior” frente a ellas. (Capítulo 59)

[4] Claramente no se menciona nada de las criadas y su forma de matrimonio. Inclusive se nos sugiere que cuando existió una interacción directa entre una criada y el sentimiento amoroso, únicamente fungió este personaje como una alcahueta (en el caso de Georgina Darcy y el despreciable Wickham).

[5] Entendiéndose como categoría generalizadora.

[6] Aprendió a ser empático y soportar las apariencias.

[7] Razón y pasión.

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