Ir al contenido principal

Platero y yo (1917) de Juan Ramón Jiménez | Reflexión

 

Quiero iniciar este escrito disculpándome con el improbable lector. A lo largo de estas páginas reconocerá en mi prosa un discurso que roza en lo íntimo, casi en lo cursi o patético. Sin embargo, considero que Platero y yo (1917) amerita el trato de una de esas conversaciones que se dan en la oscuridad, mientras las bocas susurran secretos que se desvanecen en el silencio de la noche. ¿Estoy siendo claro? Supongo que no. Quiero decir que este texto está inundando de texturas que evocan el recuerdo y la melancolía, por lo tanto, escribir una reflexión con el monótono discurso académico sería una pedantería digna de cualquier ávido por reconocimiento de la vetusta institución. Por este motivo, me tomo la licencia de proseguir de esta manera. Quienes buscaban algo diferente, perdón la psicosis, pueden abandonar el texto.


Retomó el hilo. Anteriormente me queje disimuladamente de la academia y no es por lo menos. Mis palabras estarán plagadas de amargas reflexiones sobre mi capacidad paupérrima de lectura, ya que en esta ocasión me adscribiré a la vulgar perspectiva del lector casual para afirmar algo impropio para el egresado de letras hispánicas: me incliné completamente por el aspecto emotivo de la obra. Advierto la inexistencia de segundas lecturas o una propuesta innovadora, lo que habrá a continuación será únicamente la reflexión de una experiencia compartida por la mayoría. Me interesa analizar qué dice sobre nosotros (los lectores vulgares) la predilección emotiva.

Pueden brotar de los manantiales del discurso respuestas provenientes de lenguas ávidas de instante: "Claramente se debe a una degradación moral del sujeto causado a nociones idealistas"; "Las generaciones actuales han sacrificado el pensar por el sentir, la prueba está en el consumo actual de mercaliterarura"; "La búsqueda del consumo instantáneo ha provocado en los lectores una tendencia por rescatar sentidos superficiales"; "Los sujetos  han perdido la capacidad de análisis debido a una pérdida de la disciplina"; "La educación ya no es lo de antes"; y un innumerable etcétera.

En todas estas afirmaciones se posiciona al sujeto como una entidad desprovista de capacidad crítica o estética que está a merced de algo. No seré el audaz que afirme estúpidamente una clase de autodeterminación en los sujetos. Estoy consciente que las condiciones materiales son lo que determina todas las concepciones ideológicas e inclusive interpretativas de los individuos. Sin embargo, existe una constante dentro de la producción y recepción literaria: a partir del nacimiento de la lírica, los lectores y escritores no han dejado de producir textos que apelen a los afectos.[1] Esto nos indica que la tendencia por la lectura y escritura emotiva no está fundamentada únicamente en la etapa histórica, sino es parte de la necesidad comunicativa humana. Por lo tanto, no hay alguna prueba evidente que posicione las producciones artísticas emotivas por debajo de las intelectuales. Las primeras son parte constitutiva de nuestra producción literaria y su primacía por encima de otras manifestaciones tiene que ver directamente en su capacidad por representar conceptos imposibles en otros registros. No es de extrañar que el discurso poético tienda a utilizar lo emotivo como pauta de producción metafórica para generar significados más profundos.

Desarticulado ya esta clase de tendencia analítica por encasillar los afectos como una característica secundaria y menor a la inteligencia, proseguiré desarrollando la exposición de mi experiencia estética con la obra. Para esto, considero crucial señalar un elemento fundamental dentro del texto: claramente la obra apela a la experiencia vital del autor y su representación metafórica a partir de un discurso poético. Esto proporciona una clase de construcción íntima. Ante esto surge un cuestionamiento: si la obra proporciona todas estas herramientas, ¿por qué existe una tendencia de la crítica por buscar una clase de significado pedagógico idealista? Estoy consciente de que Juan Ramón estuvo íntimamente relacionado con la filosofía krausista, mas en el texto que hoy nos compete no existe presencia alguna de esta. Prácticamente es la experiencia vital hecha metáfora a partir de hechos aislados. Por lo tanto, considero esencial aseverar que la experiencia emotiva compartida hegemónicamente no esta desarticulada de la obra, sino es una respuesta coherente a la obra. Puedo afirmar que dentro de esta tendencia puede llegar a reducirse la obra a una simple experiencia emotiva, mas es absurdo creer que los análisis críticos pueden prescindir del elemento emotivo.

A partir de esto, surge la necesidad de cuestionarse: ¿entonces el análisis se limita solamente a eso? En absoluto, afirmar lo anterior sería ignorar elementos que resultan importantes dentro de la construcción. ¿Acaso las referencias regionales andaluzas o la utilización del discurso poético son prescindibles? ¿Qué hay de la postura sobre concebir la realidad como un juego de niños sin idealizarlo? ¿Acaso olvidamos la construcción simbólica de Platero como simbolismo de libertad en el mundo? Elementos que objetivamente proporcionan al texto una exploración de lo sensible y el recuerdo.

Sin más que agregar, ya que esto no es un texto académico. Reafirmo mi posición sobre el texto y afirmo: la principal virtud de la obra que hoy analizo es su capacidad de explorar la sensibilidad del lector por encima de la comprensión lógica.  Esta sensibilidad está relacionada con la realidad para que así tenga un efecto más valioso para el lector.



[1] Claramente estoy realizando una reducción eurocentrista; sin embargo, existe la presencia de producción literaria nahuas con contenido exclusivamente emotivo. Esto refuerza que estos tipos de producciones no están adscritas a una determinada etapa histórica.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela | Micro reseña

“La importancia del lector en la obra” por Enrique Vega La familia de Pascual Duarte es una obra peculiar e interesante. Es palpable la motivación del autor por introducir al lector dentro de un juego narrativo donde los huecos de la narración fungen en dos direcciones: por un lado, como un espacio donde el lector debe de reunir información dentro de la obra para darle solución al enigma; por otro, una manera de transmitir al espectador una clase de verosimilitud a los hechos que se están presentando. Siendo en su totalidad la obra una especie de recopilación de textos que realiza un transcriptor anónimo que busca la verdad dentro de la vida de este singular y muy despreciable personaje. Esto último, me hace puntualizar otro elemento que considero esencial dentro de la obra: los múltiples narradores que entran en juego. Por lo menos puedo identificar a cuatro: Pascual (narrador homodiegético protagonista), el transcriptor (narrador homodiegético), Santiago Lurueña (mediante su testimo...

La tía Tula (1921) de Miguel de Unamuno | Micro reseña

  “El alcance de los roles de género y su estrecha relación con modelos sociales dominantes” “Eso de amor –decíase Ramiro ahora– sabe a libro; sólo en el teatro y en las novelas se oye el yo te amo; en la vida de carne y sangre y hueso el entrañable ¡te quiero! y el más entrañable aún callárselo.” La tía Tula, novela corta del celebradísimo escritor Miguel de Unamuno, nos presenta la historia de Gertrudis, una mujer que a lo largo de su vida asume el rol de madre para los hijos de su hermana Rosa y su cuñado Ramiro. A partir de esto se despliega una serie de acontecimientos donde la protagonista lentamente demuestra sus verdaderas intenciones emocionales ante la actitud de mártir que emplea para enfrentar una sociedad que la aterra. Es evidente que el tema principal de la novela es la maternidad a partir de un personaje que no quiere asumir el proceso para llegar a tal fin. De esto se despliega una serie de temas análogos que complejizan aún más el alcance real de la maternidad den...

La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile (1986) | Mini reseña

No le daré mucha importancia al análisis de esta obra documental porque la considero de un valor sumamente pobre. Inclusive puedo afirmar que es una de las obras menores de un escritor que es considerado como el mejor del siglo XX. Seré directo, la obra pretende una cosa y tiende a desviarse comúnmente para remarcar cierto mensaje político que no se mimetiza dentro del texto. García Márquez afirma que su intención con el documental escrito es realizar una reconstrucción emocional de un exiliado que vuelve a su país natal, mas son pocos los momentos que vemos esto de manera formal. Se puede resumir que La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile es un texto con un inicio interesante, un desarrollo que da a desear y un final que nos deja con una incertidumbre por el tiempo que parece que perdimos. 5/10 Anotaciones generales: El protagonista es sumamente emocional y resulta en ocasiones incompetente para la riesgosa misión en la que se embarca. No es consciente del peligro que po...