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Imposible decir adiós (2021) de Han Kang | Micro reseña

¿Cómo se puede representar la tragedia de un pueblo azotado por intereses extranjeros sin recaer en disminuir el dolor humano a través de la simplificación del suceso?

 

Esta es la pregunta que intenta responder la autora surcoreana Han Kang con su última novela publicada: Imposible decir adiós. La obra cuenta la historia de Gyeongha, una mujer que se ve obligada a realizar una petición algo peculiar: salvar la vida de un periquito de una amiga incapacitada por un accidente.

Después de este somero resumen prototípico, inicio mi discurso con algo más que simple despliegue descriptivo. Es importante que empiece mi análisis a partir de una afirmación tajante: la obra presenta un tema significativo y los artilugios literarios empleados son sumamente interesantes, poseen el potencial de construir un texto polifónico que ejemplifica la violencia sistemática, sin embargo, todo esto se diluye a través de la pobre ejecución y los subsecuentes intentos de describir metafóricamente acontecimientos que significan al final de la obra una traición a la pretensión inicial de la misma. A pesar de esto, considero importante puntualizar aquellas áreas de la obra en la que destaca.

Una de ellas es la narración homodiegética que, junto con descripciones detalladas con intercalado de constantes metáforas, permite experimentar como receptor una clase de acercamiento directo en el discurso emocional y político que propone. En momentos de suma maestría, la obra construye detonadores discursivos que permiten transmitir sensaciones hipersensibles. Esto se puede ejemplificar a partir de la descripción del procedimiento médico que sufre Inseon para no perder la sensibilidad de los dedos que han sido injertados.

Otro elemento destacable se presenta en la indeterminación del narrador en su participación dentro de la diégesis: la obra nos proporciona múltiples senderos para considerar si la mitad de la trama está siendo narrada por una moribunda congelándose o muriendo de fiebre. Permitiendo que el lector forje su propio criterio sobre los acontecimientos ficcionales y contribuya a la construcción de la obra. Aunque esté recurso no signifique una innovación literaria, se debe reconocer que está excelentemente construido a través de la figura retórica de la metáfora como vehículo de los acontecimientos emocionales de la protagonista. Sin embargo, se debe de puntualizar que algunas de las metáforas empleadas son edificadas de forma ineficiente, ya que no poseen una conexión real con la diégesis:

Esto se observa perfectamente en el capítulo cinco y seis de la segunda parte, donde la utilización metafórica de la inmersión mariana resulta una ruptura en el ritmo de los acontecimientos. Resulta desconcertante que el texto emplee directamente la mención de la metáfora cuando en toda la obra recurre a la fusión de acontecimiento ficcional y figura retórica. Se puede objetar que se menciona esto debido a que tiene relación a la pesadilla que sufre Gyeongha al principio de la obra, pero realmente no existe ninguna conexión que nos presente la propia obra para poder tener esta interpretación.

A partir de esto, empiezan a resaltar irremediablemente las áreas de oportunidad de la obra como destellos imposibles de ignorar: destaca, principalmente, el pobre desarrollo de la protagonista y el intento de que a través de esto se respete la intención de la obra de no “opacar” el acontecimiento histórico. Siendo un traspié que impide comparar dos habitus que se contraponen y resaltan: la cotidianidad posmoderna coreana y la violencia sistemática que marca a una generación completa. Inclusive se puede afirmar que al intentar ficcionalizar el suceso trágico realmente no permite dimensionar el conflicto de forma objetiva, ya que la propuesta estética funge como filtro de la composición y, cuando terminamos la obra, la incógnita del estado del narrador opaca todo el contenido político. De esto último se puede objetar que la obra a través del discurso final de Inseon se propone subsanar esta área indeterminada, pero resulta un despliegue sumamente insignificante para toda la construcción de sentido que se pretendía abordar.

Nos encontramos con una obra que, a pesar de sus aciertos, recae en traicionar su propuesta estética sin ni siquiera saberlo. Tengo que admitir que el texto es disfrutable a través de algunos detalles estéticos que implementa (el juego entre calor y frío, la importancia de los espacios iluminados o en tinieblas, el intercambio impredecible de narradores, etc.) y puede resultar al corto plazo una interesante introducción respecto al papel de las naciones extranjeras dentro de Corea y las subsecuentes consecuencias sangrientas. Sin embargo, consideró que realmente la obra está lejos de la perfección de un galardón.


7/10


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