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Doña Perfecta (1876) de Benito Pérez Galdós | Apunte

Observo la novela con detenimiento. Palpo las hojas añejas y amarillentas. Percibo el aroma del papel apolillado que susurra épocas encerradas entre sus hojas. Alzo la mirada una vez terminada la lectura y pregunto en voz alta: «¿Qué decir de esto?» Me veo asumido en un maremoto de ideas, temas, observaciones y virtudes literarias: «Estoy ante una gran obra», vuelvo a proferir. 

Recuerdo la crítica literaria que he leído someramente con anterioridad y me extraña la condescendencia con la que describen el texto: “La obra más destacable dentro de su catálogo de tesis”.  Yo solo puedo seguir afirmando con alegría y emoción: «Estoy ante una gran obra».

Considero que la única forma de exponer mi experiencia estética es a través del discurso personal, introduciéndome a la ficción como un glosador que encuentra el texto debajo de las ruinas de una población española, cuyo nombre ilustre resalta en los libros de historia. Aportación invaluable del insigne letrado don Cayetano.

Me he cansado de los usos verbales como introducción en los párrafos. Voy directo al objetivo de este texto: decantar mis anotaciones a través de la prosa y la ficción, realizando un juego entre la propuesta de la novela y mi texto. Observo mi anterior afirmación. Saboreo las intenciones quijotescas que me celebro Una vez escrita esta afirmación de héroe romántico, me voy arrepintiendo de mi elección. Resulta y acontece que debo terminar más lecturas antes del mediodía y tan solo tengo treinta minutos para escribir. El avispado lector objetará: ¿Eso qué me importa? ¡Directo al tema! Yo observo con recelo y volteo la mirada. Escucho nuevamente los reclamos hechos a mi persona, las blasfemias, condescendencias (lo espero por mi nulo capital simbólico), sentencias y acusaciones hechas sin conocerme. Sigo con la mirada fija en la nada, temiendo por mi credulidad. Finalmente, el lector se marcha (sacudiéndose el polvo de los zapatos antes de salir) y pronuncia el epitafio de mi carrera literaria: “Puro humo”. El prosigue su camino en la vida, recorre calles y avenidas transitadas para llegar a su trabajo, escuela o morada. Sin embargo, no va a ninguna de esos lugares, ya que sus rodillas se encuentran en el reclinatorio. Los conmovidos creyentes ven en su semblante la manifestación de la fe, el cuerpo místico de Dios y la posibilidad de un mundo nuevo. Se levanta nuestro creyente (antes lector) y no da la espalda al salir. Devoción y ejemplaridad. Nada más que agregar, solo se le observa como último acto de devoción no dar de espalda al santísimo expuesto.

Lo otro que se sabe de él lo contó el desconsolado que encontraron tirado y golpeado en la esquina de la iglesia. Escupiendo sangre con cada palabra ahogada, relató que solo pudo escuchar risas del agraviante cuando huía por la acera mientras se guardaba el dinero arrebatado en el bolsillo: podemos afirmar que el agraviado vivió un santo asalto.

Una vez que presencie esto por mi inexcusable habilidad de clarividencia, puedo afirmar que este es, como primera instancia, la lección del texto desposeída de su contexto social y político. «¡Inaudito!», grito el crítico de archivadas ideas. Ignoro su intervención, ya he utilizado ese recurso con anterioridad y no quiero aburrir a los valientes que siguen leyendo este disparate. Concedo la indignación como válida y afirmó ante esto que no se debe olvidar que nuestro autor de la obra novelística (el de carne y hueso, por supuesto) estuvo presenciando un momento sumamente peculiar en la historia de España: unos grupos de fulanos batallaban por si debían seguir las viejas enseñanzas del medievo o abrirse a un nuevo orden orientado a la propiedad privada, derechos universales e igualdad ante clases[1] (no se olvide que el hombre siempre sueña con lo mismo, pero jamás se cuestiona a quién realmente beneficia). Me adelanto a afirmar que Orbajosa es una representación burlesca de este primer grupo y Madrid del segundo. La resignificación de las variables contextualizadas da paso a observar la mojigatería desde otro aspecto: no se trata solamente de una crítica religiosa, sino la desarticulación de las herramientas discursivas e ideológicas de ambos grupos.

¿Quién me viera? Disculpen ustedes, algunas veces tengo trazas de creerme crítico literario y encuentro la rimbombancia de las palabras que pueden reducirse a “el texto critica la hipocresía ideológica”. Cedo el discurso a otra afirmación: «Puedo reconocer todas las influencias de la literatura cervantina que se plasman en la novela. Desde los nombres de los personajes con carga significativa, hasta la construcción poco elaborada del mundo complejo narrativo. Todo esto permite entender que la propuesta original del texto se encuentra en un factor crucial». ¿Cuál es Afirmación? No dilates más el asunto. “El juego de doble intenciones”.

Es inevitable ignorar lo anterior, ya que es lo que más resalta al principio del texto: La utilización de discursos en doble sentido. Difamación, prejuicios y manipulación son etiquetas indelebles a los personajes de esta novela. Considero sumamente importante señalar cómo a través de los actos que claramente parecen contradictorios, el texto abre la posibilidad de cuestionar como lectores el carácter de esas actitudes tan anormales.

Seré más técnico para complacer a las archivadas mentes: El texto posee una primera premisa que destaca y su posición ante los rituales religiosos católicos que carecen de sentido cuando dentro del corazón del creyente habita la mojigatería. Eso es algo que el texto es sumamente incisivo, ya que permite entender cómo la hipocresía (dentro de este mundo ficticio) funciona como motor de las empresas viles y deshonestas que agitan a España en el caos.

Considero que he mencionado lo más relevante de mis anotaciones. Aquellos que se han quedado hasta el final pueden percatarse que probablemente no es tan valiosa mi aportación al estudio de este texto; sin embargo, recuerden que la importancia dentro de mis letras se encuentra oculta a través del mismo velo que la novela. Después de esta torpe forma de disculpar mis errores, doy por terminado este texto.



[1] Vaya risa que provoca pensar en los ganadores de estas posturas que ahora se la viven defendiendo su propiedad privada, atropellado derechos universales y celebrando la desigualdad entre clases.

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