Recuerdo la crítica
literaria que he leído someramente con anterioridad y me extraña la
condescendencia con la que describen el texto: “La obra más destacable dentro
de su catálogo de tesis”. Yo solo puedo
seguir afirmando con alegría y emoción: «Estoy ante una gran obra».
Considero que la única
forma de exponer mi experiencia estética es a través del discurso personal,
introduciéndome a la ficción como un glosador que encuentra el texto debajo de
las ruinas de una población española, cuyo nombre ilustre resalta en los libros
de historia. Aportación invaluable del insigne letrado don Cayetano.
Me he cansado de los
usos verbales como introducción en los párrafos. Voy directo al objetivo de
este texto: decantar mis anotaciones a través de la prosa y la ficción,
realizando un juego entre la propuesta de la novela y mi texto. Observo mi
anterior afirmación. Saboreo las intenciones quijotescas que me celebro Una vez
escrita esta afirmación de héroe romántico, me voy arrepintiendo de mi
elección. Resulta y acontece que debo terminar más lecturas antes del mediodía
y tan solo tengo treinta minutos para escribir. El avispado lector objetará:
¿Eso qué me importa? ¡Directo al tema! Yo observo con recelo y volteo la
mirada. Escucho nuevamente los reclamos hechos a mi persona, las blasfemias,
condescendencias (lo espero por mi nulo capital simbólico), sentencias y
acusaciones hechas sin conocerme. Sigo con la mirada fija en la nada, temiendo
por mi credulidad. Finalmente, el lector se marcha (sacudiéndose el polvo de
los zapatos antes de salir) y pronuncia el epitafio de mi carrera literaria: “Puro
humo”. El prosigue su camino en la vida, recorre calles y avenidas transitadas
para llegar a su trabajo, escuela o morada. Sin embargo, no va a ninguna de
esos lugares, ya que sus rodillas se encuentran en el reclinatorio. Los
conmovidos creyentes ven en su semblante la manifestación de la fe, el cuerpo
místico de Dios y la posibilidad de un mundo nuevo. Se levanta nuestro creyente
(antes lector) y no da la espalda al salir. Devoción y ejemplaridad. Nada más
que agregar, solo se le observa como último acto de devoción no dar de espalda
al santísimo expuesto.
Lo otro que se sabe de
él lo contó el desconsolado que encontraron tirado y golpeado en la esquina de
la iglesia. Escupiendo sangre con cada palabra ahogada, relató que solo pudo
escuchar risas del agraviante cuando huía por la acera mientras se guardaba el
dinero arrebatado en el bolsillo: podemos afirmar que el agraviado vivió un
santo asalto.
Una vez que presencie
esto por mi inexcusable habilidad de clarividencia, puedo afirmar que este es,
como primera instancia, la lección del texto desposeída de su contexto social y
político. «¡Inaudito!», grito el crítico de archivadas ideas. Ignoro su
intervención, ya he utilizado ese recurso con anterioridad y no quiero aburrir
a los valientes que siguen leyendo este disparate. Concedo la indignación como
válida y afirmó ante esto que no se debe olvidar que nuestro autor de la obra
novelística (el de carne y hueso, por supuesto) estuvo presenciando un momento
sumamente peculiar en la historia de España: unos grupos de fulanos batallaban
por si debían seguir las viejas enseñanzas del medievo o abrirse a un nuevo
orden orientado a la propiedad privada, derechos universales e igualdad ante
clases[1]
(no se olvide que el hombre siempre sueña con lo mismo, pero jamás se cuestiona
a quién realmente beneficia). Me adelanto a afirmar que Orbajosa es una
representación burlesca de este primer grupo y Madrid del segundo. La
resignificación de las variables contextualizadas da paso a observar la
mojigatería desde otro aspecto: no se trata solamente de una crítica religiosa,
sino la desarticulación de las herramientas discursivas e ideológicas de ambos
grupos.
¿Quién me viera?
Disculpen ustedes, algunas veces tengo trazas de creerme crítico literario y
encuentro la rimbombancia de las palabras que pueden reducirse a “el texto
critica la hipocresía ideológica”. Cedo el discurso a otra afirmación: «Puedo
reconocer todas las influencias de la literatura cervantina que se plasman en
la novela. Desde los nombres de los personajes con carga significativa, hasta
la construcción poco elaborada del mundo complejo narrativo. Todo esto permite
entender que la propuesta original del texto se encuentra en un factor crucial».
¿Cuál es Afirmación? No dilates más el asunto. “El juego de doble intenciones”.
Es inevitable ignorar lo
anterior, ya que es lo que más resalta al principio del texto: La utilización
de discursos en doble sentido. Difamación, prejuicios y manipulación son
etiquetas indelebles a los personajes de esta novela. Considero sumamente
importante señalar cómo a través de los actos que claramente parecen
contradictorios, el texto abre la posibilidad de cuestionar como lectores el
carácter de esas actitudes tan anormales.
Seré más técnico para
complacer a las archivadas mentes: El texto posee una primera premisa que
destaca y su posición ante los rituales religiosos católicos que carecen
de sentido cuando dentro del corazón del creyente habita la mojigatería. Eso es
algo que el texto es sumamente incisivo, ya que permite entender cómo la
hipocresía (dentro de este mundo ficticio) funciona como motor de las empresas
viles y deshonestas que agitan a España en el caos.
Considero que he mencionado lo más relevante de mis anotaciones.
Aquellos que se han quedado hasta el final pueden percatarse que probablemente
no es tan valiosa mi aportación al estudio de este texto; sin embargo,
recuerden que la importancia dentro de mis letras se encuentra oculta a través
del mismo velo que la novela. Después de esta torpe forma de disculpar mis
errores, doy por terminado este texto.
[1] Vaya
risa que provoca pensar en los ganadores de estas posturas que ahora se la
viven defendiendo su propiedad privada, atropellado derechos universales y
celebrando la desigualdad entre clases.
Comentarios
Publicar un comentario