Quisiera iniciar esta reseña con
una afirmación (raro en mí): me siento algo insatisfecho con la novela. Mi pretensión
original era realizar un análisis sumamente objetivo donde iniciaba exponiendo el
punto fuerte de la composición para después enunciar muchas de las áreas de
oportunidades. Sin embargo, guardo una clase de cariño parasocial al
autor del texto y reconozco que me atemoriza realizar una crítica que resulte
autodestructiva. Por este motivo, opto por un discurso más personal que asemeja
la charla de un amigo que acaba de leer una novela. No espere lector
rigurosidad de argumentos: las impresiones son el eje crucial de está reseña.
Espero que encuentre algo de provecho en mis palabras.
Considero que inicialmente la
propuesta es sumamente interesante: la diégesis se centra en el testimonio de
dos peruanos en dos épocas distintas que revelan profundos relieves entre el
horror de la guerra y el dolor de un divorcio. Puedo afirmar que a partir de aquí
existe un reto enorme para conectar ambos temas de forma convincente. La
lectura deberá glorificarse a partir de la intersección temática que utilizará
como motor el discurso literario. Lamentablemente no sucede esto: conocemos que
la historia de Matías esta relacionada con el taxista Antonio que aprovecha la
naciente amistad con el narrador para contar esta historia. Enumeraré de forma práctica
porque no funciona:
1. Aun
siendo que los fragmentos de texto pertenecen al diálogo del personaje de
Antonio. Resalta que en muchas ocasiones la narración se detiene para iniciar
una exposición historiográfica de los sucesos que rodean al trujillano: datos
duros sobre las muertes, armas, naves, tropas e inclusive pensamientos de los
personajes. Resulta inverosímil, ya que el personaje de Antonio jamás es
caracterizado con una clase de conocimiento tan específico del conflicto bélico.
2. Por
otro lado, si los fragmentos de la historia de Matias se debe al reportaje del
cuñado de Antonio dejaría al lector en una posición de incredulidad, ya que únicamente
sería un texto que complementaria la diégesis principal y no tendría más valor de
ser una subtrama inconexa.
Puedo asumir que la
indeterminación permite que existan estas y más vías; sin embargo, ninguna de
ellas nos permite comprender el motivo de la anexión de esta subtrama en la diégesis
principal. Como consecuencia: no existe una conexión literaria entre ambas
diégesis.
Asumiendo esto, debemos desmenuzar
cada trama para exponer las interpretaciones que se pueden obtener de ellas.
Seré breve: por un lado, la trama del divorcio no existe ninguna clase de aprendizaje
moral o social, solo es la anécdota de un narrador homodiegético protagonista; por
el otro, la trama bélica es el testimonio prototípico y estadounidense de los
efectos de la segunda guerra mundial, la “originalidad” radica en que el soldado
es peruano. No es una exageración resumir de esta forma, ya que prácticamente
no existen más elementos relevantes. Inclusive la clara crítica de la condición
de la nación peruana es sumamente superficial: anecdótico, una plática entre
inexpertos, esclavos de su opinión.
Esto se permea en otros temas que
pretende abordar la obra. Si leemos la caída y “redención” de Matías con observación
crítica únicamente brillaran pasajes con sugerencias cuestionables: crítica a
las instituciones de salud por no comprender al ser humano a partir de pautas metodológicas
actuales[1];
inexistencia de alguna responsabilidad del estado ante sus veteranos; los lupenproletarios
pueden decidir cuando dejar de cometer actos relacionados a su misma condición
de clase; la violación se vuelve en una consecuencia indirecta del estrés postraumático;
únicamente puedes salir adelante en E.U.A. si te financia un pequeño burgués[2];
a pesar de que el protagonista esta presentando las mismas tendencias del padre
debemos sentir empatía por el trujillano porque el sufrió mucho en la guerra y
el italiano solo es malo maloso porque es delincuente; la responsabilidad de
los estados en la muerte de civiles es secundario si se mato a un enemigo que
realizaba los mismos actos; lo importante de entender los horrores de la guerra
es llevarse la impresión de que mueren personas de forma horrible[3];
la URSS no posee un papel importante dentro del conflicto armado; defensa del
sueño americano; la gerente de la pensión donde vivía Matías le permitía seguir
viviendo en ella porque quiere acostarse con él[4];
y el probable feminicidio únicamente sirve
para reforzar un efecto dramático. Por donde lo tomes, el texto es sumamente
deficiente y sin ninguna clase de ventaja más allá de resaltar en pequeñas muestras
brillantes cuando se presenta el drama humano. El resto solo son incoherencias
compositivas. Lo más desconcertante es la capacidad de Matias de aprender
lenguas: a los dos años se puede comunicar perfectamente en inglés con sus
superiores o hablar con un cardenal italiano.
Después de todo lo expuesto,
espero que el lector entienda porque realice tal afirmación a principio de esta
reseña. Es una clase de sentimiento que choca y se contrapone debido a que no
existe algo rescatable en este intento de drama histórico. Me siento
insatisfecho porque reconozco la habilidad del autor en entregar obras sumamente
destacables, mas es imposible que ignore fallos tan evidentes como faltas
gramaticales[5] o mensajes
tan cuestionables y enajenantes. Espero que el autor nos sorprenda en un futuro
con una nueva obra que resalte más sus virtudes literarias. Por lo pronto, todo
lo expuesto me obliga a calificar la obra con un:
4/10
[1] La
salud mental de los veteranos de guerra solo empeora a partir de los tratamientos
de la época, el enclaustramiento del protagonista funciono no por la fe que
tenía, sino porque seguía patrones conductuales que lo mantenían distraído.
[2]
Esto brilla por ser cierto, pero a su vez destaca por reproducir un discurso de
sumisión.
[3]
Ignoren el rol de las naciones, la desarticulación de los preceptos morales, la
hipocresía de los discursos para que el proletario vaya a matarse.
[4] Esta
fue uno de los personajes que más desagrado. No porque la mujer estuviera
caliente, sino porque el personaje es tan unidimensional que sólo consiste en
eso.
[5] Página
37 y 39 de la primera edición.
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