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El mundo que vimos arder (2023) de Renato Cisneros | RESEÑA

 

Quisiera iniciar esta reseña con una afirmación (raro en mí): me siento algo insatisfecho con la novela. Mi pretensión original era realizar un análisis sumamente objetivo donde iniciaba exponiendo el punto fuerte de la composición para después enunciar muchas de las áreas de oportunidades. Sin embargo, guardo una clase de cariño parasocial al autor del texto y reconozco que me atemoriza realizar una crítica que resulte autodestructiva. Por este motivo, opto por un discurso más personal que asemeja la charla de un amigo que acaba de leer una novela. No espere lector rigurosidad de argumentos: las impresiones son el eje crucial de está reseña. Espero que encuentre algo de provecho en mis palabras.

Considero que inicialmente la propuesta es sumamente interesante: la diégesis se centra en el testimonio de dos peruanos en dos épocas distintas que revelan profundos relieves entre el horror de la guerra y el dolor de un divorcio. Puedo afirmar que a partir de aquí existe un reto enorme para conectar ambos temas de forma convincente. La lectura deberá glorificarse a partir de la intersección temática que utilizará como motor el discurso literario. Lamentablemente no sucede esto: conocemos que la historia de Matías esta relacionada con el taxista Antonio que aprovecha la naciente amistad con el narrador para contar esta historia. Enumeraré de forma práctica porque no funciona:

1.      Aun siendo que los fragmentos de texto pertenecen al diálogo del personaje de Antonio. Resalta que en muchas ocasiones la narración se detiene para iniciar una exposición historiográfica de los sucesos que rodean al trujillano: datos duros sobre las muertes, armas, naves, tropas e inclusive pensamientos de los personajes. Resulta inverosímil, ya que el personaje de Antonio jamás es caracterizado con una clase de conocimiento tan específico del conflicto bélico.

2.      Por otro lado, si los fragmentos de la historia de Matias se debe al reportaje del cuñado de Antonio dejaría al lector en una posición de incredulidad, ya que únicamente sería un texto que complementaria la diégesis principal y no tendría más valor de ser una subtrama inconexa.

Puedo asumir que la indeterminación permite que existan estas y más vías; sin embargo, ninguna de ellas nos permite comprender el motivo de la anexión de esta subtrama en la diégesis principal. Como consecuencia: no existe una conexión literaria entre ambas diégesis.

Asumiendo esto, debemos desmenuzar cada trama para exponer las interpretaciones que se pueden obtener de ellas. Seré breve: por un lado, la trama del divorcio no existe ninguna clase de aprendizaje moral o social, solo es la anécdota de un narrador homodiegético protagonista; por el otro, la trama bélica es el testimonio prototípico y estadounidense de los efectos de la segunda guerra mundial, la “originalidad” radica en que el soldado es peruano. No es una exageración resumir de esta forma, ya que prácticamente no existen más elementos relevantes. Inclusive la clara crítica de la condición de la nación peruana es sumamente superficial: anecdótico, una plática entre inexpertos, esclavos de su opinión.

Esto se permea en otros temas que pretende abordar la obra. Si leemos la caída y “redención” de Matías con observación crítica únicamente brillaran pasajes con sugerencias cuestionables: crítica a las instituciones de salud por no comprender al ser humano a partir de pautas metodológicas actuales[1]; inexistencia de alguna responsabilidad del estado ante sus veteranos; los lupenproletarios pueden decidir cuando dejar de cometer actos relacionados a su misma condición de clase; la violación se vuelve en una consecuencia indirecta del estrés postraumático; únicamente puedes salir adelante en E.U.A. si te financia un pequeño burgués[2]; a pesar de que el protagonista esta presentando las mismas tendencias del padre debemos sentir empatía por el trujillano porque el sufrió mucho en la guerra y el italiano solo es malo maloso porque es delincuente; la responsabilidad de los estados en la muerte de civiles es secundario si se mato a un enemigo que realizaba los mismos actos; lo importante de entender los horrores de la guerra es llevarse la impresión de que mueren personas de forma horrible[3]; la URSS no posee un papel importante dentro del conflicto armado; defensa del sueño americano; la gerente de la pensión donde vivía Matías le permitía seguir viviendo en ella porque quiere acostarse con él[4];  y el probable feminicidio únicamente sirve para reforzar un efecto dramático. Por donde lo tomes, el texto es sumamente deficiente y sin ninguna clase de ventaja más allá de resaltar en pequeñas muestras brillantes cuando se presenta el drama humano. El resto solo son incoherencias compositivas. Lo más desconcertante es la capacidad de Matias de aprender lenguas: a los dos años se puede comunicar perfectamente en inglés con sus superiores o hablar con un cardenal italiano.

Después de todo lo expuesto, espero que el lector entienda porque realice tal afirmación a principio de esta reseña. Es una clase de sentimiento que choca y se contrapone debido a que no existe algo rescatable en este intento de drama histórico. Me siento insatisfecho porque reconozco la habilidad del autor en entregar obras sumamente destacables, mas es imposible que ignore fallos tan evidentes como faltas gramaticales[5] o mensajes tan cuestionables y enajenantes. Espero que el autor nos sorprenda en un futuro con una nueva obra que resalte más sus virtudes literarias. Por lo pronto, todo lo expuesto me obliga a calificar la obra con un:

 

4/10



[1] La salud mental de los veteranos de guerra solo empeora a partir de los tratamientos de la época, el enclaustramiento del protagonista funciono no por la fe que tenía, sino porque seguía patrones conductuales que lo mantenían distraído.

[2] Esto brilla por ser cierto, pero a su vez destaca por reproducir un discurso de sumisión.

[3] Ignoren el rol de las naciones, la desarticulación de los preceptos morales, la hipocresía de los discursos para que el proletario vaya a matarse.

[4] Esta fue uno de los personajes que más desagrado. No porque la mujer estuviera caliente, sino porque el personaje es tan unidimensional que sólo consiste en eso.

[5] Página 37 y 39 de la primera edición.

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