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Amuleto (1999) de Roberto Bolaño | Reflexión

Amuleto y la esperanza en las juventudes latinoamericanas 

Realmente es un gusto llevarme una sorpresa. Inicie la lectura de esta novela algo escéptico debido a la popularidad que tomó su autor en los últimos años. Las palabras de alabanza y admiración por parte de mis colegas me dejaban un pequeño margen de duda ante el valor real del texto. No porque dudará de la capacidad crítica de mis compañeros, sino por el prejuicio adquirido hacia la producción artística de los últimos tiempos: si es popular posee irremediablemente un olor fétido de mercancía para complacer masas pasivas. Su concepción es la necesidad de la venta, no de la búsqueda del discurso literario. Sus letras son calculadas con precisión de relojero para dotar a las palabras de impacto mercadotécnico. Los temas se retuercen a través de la condescendencia al consumidor. Inclusive ahora no es necesario un escritor, las nuevas herramientas tecnológicas (hasta hoy puros sedantes cognitivos) permiten que la labor literaria requiera únicamente un prompt efectivo y una mano humana que recorte los márgenes para la mercancía que complace.

Sin embargo, me encuentro en esta mañana de domingo con el libro en la mano y una sonrisa de empatía. Me alegra que su popularidad se vea marcada por la capacidad del texto de ensalzar los pechos de los jóvenes poetas mexicanos. No solo eso, su propuesta onírica permite que la atención del lector se mantenga irremediablemente entre un monólogo de la protagonista y formas metafóricas de encubrir críticas transgresoras para la época de escritura. Su popularidad tiene el mérito de proporcionar bases para generaciones sumamente azotadas por la desesperanza. El lector avispado (viejo amigo, ¿tú de nuevo?) se percatará que el texto que hoy incitan estas palabras se encuentra cronológicamente fuera de todos estos bubones posmodernos que incitan la pasividad cognitiva.

Mi intención original era realizar un texto analítico donde desmenuce los principales elementos de la obra. Sin embargo, una fuerza desconocida nacida de la necesidad por empatizar con el texto impulsa en mí la fatal tendencia de realizar una reflexión. El discurso será personal, las reflexiones espero con valor y la técnica lo acostumbrado: pésima.

No dilataré más el objetivo de este texto: una clase de sondeo de nuestra posmoderna juventud mexicana y a su vez una enunciación de características destacables dentro de la novela Amuleto (1999) de Roberto Bolaño. Podría resultar sumamente ambicioso lo que me planteo, mas no quiero que se presuponga una clase de calidad textual intachable. Son las anotaciones de un discente en Letras Hispánicas que desea huir del abismo en las orillas del valle de Anáhuac. Un pretendiente a un mérito literario. Uno de esos idealistas que buscan valor en sus palabras.

Seré corto en mis anotaciones respecto al texto. Inclusive creo que es conveniente enlistarlos para no perder más tiempo:

1.      La forma onírica: Destable por donde se mire. El discurso en monólogo y la incapacidad del lector para determinar si los actos dentro de la diégesis están transitando en la mente delirante de Auxilio o corresponden al movimiento de la trama es un elemento crucial por el cual los pasajes del texto retoman una temática que los define. La novela aprovecha este carácter de alucinación para aglutinar mensajes críticos sobre el estado de la poesía mexicana, la marginalidad que somete la sociedad a los homosexuales, una autobiografía del autor y una posición en contra de la cultura dominante. No se somete a reglas de tiempo o espacio y permite el salto entre acontecimientos imaginados que encubren el mensaje. El texto está plagado de juegos lingüísticos donde los nombres propios se entreveran con sustantivos (el nombre “Auxilio”), los coloquialismos fungen como herramientas discursivas para engañar al lector y las expectativas son siempre destruidas[1]. Todos estos elementos formales poseen la función de representar dentro del texto el flujo de pensamiento de la narradora mientras va muriendo de hambre en su encierro.

2.      Las temáticas transgresoras: No hay que agregar mucho en esta segunda sección. Únicamente que existen dos ejes predominantes en el texto: sobre la poesía y la vida de sujetos. En el primer caso, observamos como Bolaño encauza su crítica por medio de los estudiantes y jóvenes promesas. El papel que ellos tienen para la futura poesía mexicana es crucial como punto de partida entre una casta letrada que busca la aprobación cultural y los escritores que se parecen más a “nosotros” (aquellos que salen del canon literario y desde su marginalidad son valiosos). Bolaño, a través de su novela, retoma esta postura y crítica la pasividad y falta de un proyecto claro para las juventudes latinoamericanas. Las tilda de arrogantes y no comprender bien dónde se dirigen. Esto se entremezcla con el segundo eje, cuyo valor reside en el carácter personal que posee la obra sobre la vida del autor. Destaca la persistencia por la caída de los ideales que se esfuman ante la mano que aplasta (el golpe de estado en contra de Salvador Allende), la batalla por la literatura marginal (la rencilla contra el rey de los putos) y el discurso que se abre a los artistas sin triunfo (la conversación con el hijo de Lilian Serpas). Estos dos ejes envuelven al texto con un carácter intimista y crítico sobre la condición de la poesía en México.

Después de todo lo expuesto, doy paso a la concatenación de mis reflexiones. Quisiera partir por un elemento que considero ha caracterizado la posición de los sectores progresistas en estos últimos años: La confianza hacia los jóvenes como motor de cambio, cuya desorganización es el único impedimento para su revolución. Inclusive el texto defiende este punto presentando como pasaje final un escenario onírico donde los jóvenes latinoamericanos encuentran siempre un fatal destino en un abismo del valle de México, donde sus cantos de esperanza en caída libre son la punta de lanza para un cambio.

Quisiera confesar que también creía esto, inclusive quiero convencerme de que aún lo creo; sin embargo, la realidad material que me rodea supera el ideal y marcan una dirección más desconcertante de lo que aparenta. Las juventudes mexicanas actuales (por el momento solo puedo hablar de ellos) están sumamente alejadas de un conocimiento político de sus condiciones materiales. Recurriré a un acontecimiento para ejemplificar lo anterior. Seré breve con la recapitulación de los hechos: A partir del asesinato de Jesús Israel dentro de las instalaciones del CCH sur[2], el ambiente dentro de la UNAM se volvió sumamente tenso. Los alumnos se sentían inseguros de asistir a sus clases debido a subsecuentes alarmas espurias de atentados a otras instalaciones de la institución. Las autoridades buscaban el control de daños a partir de comunicados que en una primera instancia tenían el objetivo de evadir la responsabilidad de los acontecido y después implementar protocolos de control. Esto no representaba para los estudiantes garantías reales para su seguridad. Los directivos de la institución rehuían de acciones que representaran modificaciones profundas a los mecanismos de seguridad y afirmaban que dentro de la UNAM ya existen dispositivos para la prevención de estas tragedias (cursos, atención psicológica ineficiente y poco más). Todo esto resultó en un paro de labores que se extendió, en el caso de la Facultad de Filosofía y Letras, un mes. Los resultados fueron lo que usualmente se espera, pocos cambios reales y una polarización del estudiantado. ¿Por qué esto último? La respuesta radica en la presencia de grupos dentro de la facultad que poseían intereses que no representaban las condiciones materiales de los estudiantes (el intento por introducir la lucha en contra del genocidio de Palestina), no poseían capacidad de persuasión o carecían de capacidad material de cambio (la modalidad SUAyD con excusas ideológicas y pantomimas que ocultaban intereses individuales). ¿Qué concluimos de este proceso estudiantil? No existe una dirección ideológica clara dentro del ideario de los discentes (saben que algo está “mal”; sin embargo, no son capaces de analizarlo más allá de propuestas morales), los grupos que disputan el monopolio del discurso son ineptos ante las necesidades reales de los alumnos, existe una indiferencia ante las condiciones colectivas del estudiantado, los mecanismos ideológicos de “contracultura” ya no son eficaces para el movimiento de las masas  y, lo que más preocupa, la institución ahora es consciente de que no existe una verdadera cohesión dentro del tejido estudiantil. La facultad se convirtió en la imagen absurda de un perro persiguiendo su propia cola mientras el dueño abusivo le da de patadas[3]. ¿Esta es la imagen de la esperanza? ¿Esto es el canto de los jóvenes latinoamericanos que sobre todo es un canto de valor? Yo solo veo sombras que discuten y se empujan al abismo infernal como describió el poeta florentino. Solo observo la bastardización de causas urgentes que se enmarcan en pautas ideológicas absurdas. Lo único que se escucha en el viento de la región más amarillenta del aire son aullidos espectrales que provienen de un cuerpo sin cabeza. Si escuchamos con atención percibiremos el murmullo de la derrota que se manifiesta con un “Así son las cosas” o un “Es parte de la resistencia” o también “Estudiar es resistir”. Necesitamos, nos urge un grupo que realmente se interese por los intereses históricos, materiales e institucionales de los estudiantes. Soy consciente que estaremos jugando con las mismas piezas de quienes buscan reprimir, mas hasta que exista un grupo en México que represente los intereses del proletariado todos estos intentos por “revolucionar” serán puro sebo. Hasta el momento debemos garantizar condiciones adecuadas para el estudiantado y los que siguen de nosotros. Las luchas sistemáticas más profundas no se pelean en el aula o en la facultad, se hacen en la calle donde los sujetos se ven sometidos a enriquecer a otros con su miseria. Considero que antes que escuchar los cantos de la juventud latinoamericana con esperanza, debe nacer la indignación hacía aquellos que someten y perpetúan el sometimiento (incluyendo aquellos que dentro de su ignorancia busquen esto). A aquellos que la incredulidad los posiciona en el escepticismo deben ser tratados como posibles camaradas, mas aquellos que siguen buscando el interés individual deben ser rigurosamente criticados.

Siento que tal vez estoy dejando de lado la crítica hacia la producción literaria y el papel de las nuevas generaciones ante la poesía que presenta la novela; sin embargo, considero que primero es importante definir mi posicionamiento político/material para después buscar la innovación literaria que responda a esta forma de pensar. A pesar de que mis palabras aparentan rigurosidad ante el mensaje final del texto, debo confesar que la novela permitió que me cuestionará mi papel dentro de la producción literaria y me impulsara a nuevamente luchar por aportar algo a este noble arte (si este era un objetivo[4] del texto, lo logro totalmente). Peco de idealista y de joven poeta, mas siento que el tiempo curtirá estos pensamientos para que mi obra literaria tenga un mínimo de valor. Este blog posiblemente es la manifestación de este deseo de superarme y observar mi proceso de escritura más allá de la evolución de pensamiento crítico-estético. En estos momentos estoy seguro de una sola cosa: debo huir como dé lugar a la estética de manufacturación en serie, someter los temas actuales al discurso literario y, sobre todo, mantener un posicionamiento crítico ante un sistema de producción que se está cayendo a pedazos. Ahí se encuentra hasta ahora mi propuesta estética (que por el momento “propuesta” es un decir porque todavía no propongo algo): una literatura del siglo XXI que no centre el foco en un solo punto, sino la manifestación de todos los procesos sistemáticos de sometimiento que mediante el discurso literario se va revelando. La literatura no estará sometida a la ideología, mas tendrá conciencia que es un producto ideológico. Mis palabras buscaran las letras elevadas, mas no solo las que dicte la academia. Las musas que me acompañaran serán todas aquellas que susurren relatos de indignación y esperanza. Buscaré la corona de Apolo entre los rayos rubios de inspiración hispánica y las motas de polvo en una escoba a las afueras de un burdel. Tomaré todo esto que parecen puras arengas quijotescas y encontraré los molinos de viento que se ocultan tras los gigantes. Creo que es suficiente motivación, cerrare el grifo de mis presunciones heroicas y me pondré a escribir. Hasta la próxima.


Ciudad de México, febrero de 2026


[1] Rescato cuando Auxilio al fin nos explicará porque se lleva la mano en la boca cada vez que habla y al principio aparenta que enunciará algo obvio “la tensión de los nervios” para después enunciar una aseveración desconcertante “la tensión de los nervios de la sociedad”.

[3] Cuando nos tiren un hueso roído para demostrar su interés por nosotros no nos hagamos los sorprendidos.

[4] Creyendo que los textos tienen objetivos.

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