Amuleto y la esperanza en las juventudes latinoamericanas
Realmente es un gusto llevarme una sorpresa. Inicie la lectura de esta novela algo escéptico debido a la popularidad que tomó su autor en los últimos años. Las palabras de alabanza y admiración por parte de mis colegas me dejaban un pequeño margen de duda ante el valor real del texto. No porque dudará de la capacidad crítica de mis compañeros, sino por el prejuicio adquirido hacia la producción artística de los últimos tiempos: si es popular posee irremediablemente un olor fétido de mercancía para complacer masas pasivas. Su concepción es la necesidad de la venta, no de la búsqueda del discurso literario. Sus letras son calculadas con precisión de relojero para dotar a las palabras de impacto mercadotécnico. Los temas se retuercen a través de la condescendencia al consumidor. Inclusive ahora no es necesario un escritor, las nuevas herramientas tecnológicas (hasta hoy puros sedantes cognitivos) permiten que la labor literaria requiera únicamente un prompt efectivo y una mano humana que recorte los márgenes para la mercancía que complace.Sin embargo, me encuentro en esta
mañana de domingo con el libro en la mano y una sonrisa de empatía. Me alegra
que su popularidad se vea marcada por la capacidad del texto de ensalzar los
pechos de los jóvenes poetas mexicanos. No solo eso, su propuesta onírica
permite que la atención del lector se mantenga irremediablemente entre un monólogo
de la protagonista y formas metafóricas de encubrir críticas transgresoras para
la época de escritura. Su popularidad tiene el mérito de proporcionar bases
para generaciones sumamente azotadas por la desesperanza. El lector avispado
(viejo amigo, ¿tú de nuevo?) se percatará que el texto que hoy incitan estas
palabras se encuentra cronológicamente fuera de todos estos bubones posmodernos
que incitan la pasividad cognitiva.
Mi intención original era
realizar un texto analítico donde desmenuce los principales elementos de la
obra. Sin embargo, una fuerza desconocida nacida de la necesidad por empatizar
con el texto impulsa en mí la fatal tendencia de realizar una reflexión. El
discurso será personal, las reflexiones espero con valor y la técnica lo
acostumbrado: pésima.
No dilataré más el objetivo de
este texto: una clase de sondeo de nuestra posmoderna juventud mexicana y a su
vez una enunciación de características destacables dentro de la novela Amuleto
(1999) de Roberto Bolaño. Podría resultar sumamente ambicioso lo que me
planteo, mas no quiero que se presuponga una clase de calidad textual
intachable. Son las anotaciones de un discente en Letras Hispánicas que desea
huir del abismo en las orillas del valle de Anáhuac. Un pretendiente a un
mérito literario. Uno de esos idealistas que buscan valor en sus palabras.
Seré corto en mis anotaciones
respecto al texto. Inclusive creo que es conveniente enlistarlos para no perder
más tiempo:
1. La
forma onírica: Destable por donde se mire. El discurso en monólogo y la
incapacidad del lector para determinar si los actos dentro de la diégesis están
transitando en la mente delirante de Auxilio o corresponden al movimiento de la
trama es un elemento crucial por el cual los pasajes del texto retoman una
temática que los define. La novela aprovecha este carácter de alucinación para
aglutinar mensajes críticos sobre el estado de la poesía mexicana, la
marginalidad que somete la sociedad a los homosexuales, una autobiografía del
autor y una posición en contra de la cultura dominante. No se somete a reglas
de tiempo o espacio y permite el salto entre acontecimientos imaginados que
encubren el mensaje. El texto está plagado de juegos lingüísticos donde los
nombres propios se entreveran con sustantivos (el nombre “Auxilio”), los
coloquialismos fungen como herramientas discursivas para engañar al lector y
las expectativas son siempre destruidas[1].
Todos estos elementos formales poseen la función de representar dentro del
texto el flujo de pensamiento de la narradora mientras va muriendo de hambre en
su encierro.
2. Las
temáticas transgresoras: No hay que agregar mucho en esta segunda sección.
Únicamente que existen dos ejes predominantes en el texto: sobre la poesía y la
vida de sujetos. En el primer caso, observamos como Bolaño encauza su crítica
por medio de los estudiantes y jóvenes promesas. El papel que ellos tienen para
la futura poesía mexicana es crucial como punto de partida entre una casta
letrada que busca la aprobación cultural y los escritores que se parecen más a
“nosotros” (aquellos que salen del canon literario y desde su marginalidad son
valiosos). Bolaño, a través de su novela, retoma esta postura y crítica la
pasividad y falta de un proyecto claro para las juventudes latinoamericanas.
Las tilda de arrogantes y no comprender bien dónde se dirigen. Esto se
entremezcla con el segundo eje, cuyo valor reside en el carácter personal que
posee la obra sobre la vida del autor. Destaca la persistencia por la caída de
los ideales que se esfuman ante la mano que aplasta (el golpe de estado en
contra de Salvador Allende), la batalla por la literatura marginal (la rencilla
contra el rey de los putos) y el discurso que se abre a los artistas sin
triunfo (la conversación con el hijo de Lilian Serpas). Estos dos ejes envuelven
al texto con un carácter intimista y crítico sobre la condición de la poesía en
México.
Después de todo lo expuesto, doy
paso a la concatenación de mis reflexiones. Quisiera partir por un elemento que
considero ha caracterizado la posición de los sectores progresistas en estos
últimos años: La confianza hacia los jóvenes como motor de cambio, cuya
desorganización es el único impedimento para su revolución. Inclusive el
texto defiende este punto presentando como pasaje final un escenario onírico
donde los jóvenes latinoamericanos encuentran siempre un fatal destino en un
abismo del valle de México, donde sus cantos de esperanza en caída libre son la
punta de lanza para un cambio.
Quisiera confesar que también creía
esto, inclusive quiero convencerme de que aún lo creo; sin embargo, la realidad
material que me rodea supera el ideal y marcan una dirección más desconcertante
de lo que aparenta. Las juventudes mexicanas actuales (por el momento solo
puedo hablar de ellos) están sumamente alejadas de un conocimiento político de
sus condiciones materiales. Recurriré a un acontecimiento para ejemplificar lo
anterior. Seré breve con la recapitulación de los hechos: A partir del asesinato
de Jesús Israel dentro de las instalaciones del CCH sur[2],
el ambiente dentro de la UNAM se volvió sumamente tenso. Los alumnos se sentían
inseguros de asistir a sus clases debido a subsecuentes alarmas espurias de
atentados a otras instalaciones de la institución. Las autoridades buscaban el
control de daños a partir de comunicados que en una primera instancia tenían el
objetivo de evadir la responsabilidad de los acontecido y después implementar protocolos
de control. Esto no representaba para los estudiantes garantías reales para su
seguridad. Los directivos de la institución rehuían de acciones que
representaran modificaciones profundas a los mecanismos de seguridad y
afirmaban que dentro de la UNAM ya existen dispositivos para la prevención de
estas tragedias (cursos, atención psicológica ineficiente y poco más). Todo esto
resultó en un paro de labores que se extendió, en el caso de la Facultad de Filosofía
y Letras, un mes. Los resultados fueron lo que usualmente se espera, pocos cambios
reales y una polarización del estudiantado. ¿Por qué esto último? La respuesta
radica en la presencia de grupos dentro de la facultad que poseían intereses que
no representaban las condiciones materiales de los estudiantes (el intento por
introducir la lucha en contra del genocidio de Palestina), no poseían capacidad
de persuasión o carecían de capacidad material de cambio (la modalidad SUAyD con
excusas ideológicas y pantomimas que ocultaban intereses individuales). ¿Qué concluimos
de este proceso estudiantil? No existe una dirección ideológica clara dentro
del ideario de los discentes (saben que algo está “mal”; sin embargo, no son
capaces de analizarlo más allá de propuestas morales), los grupos que disputan el
monopolio del discurso son ineptos ante las necesidades reales de los alumnos, existe
una indiferencia ante las condiciones colectivas del estudiantado, los mecanismos
ideológicos de “contracultura” ya no son eficaces para el movimiento de las
masas y, lo que más preocupa, la institución
ahora es consciente de que no existe una verdadera cohesión dentro del tejido estudiantil.
La facultad se convirtió en la imagen absurda de un perro persiguiendo su
propia cola mientras el dueño abusivo le da de patadas[3].
¿Esta es la imagen de la esperanza? ¿Esto es el canto de los jóvenes latinoamericanos
que sobre todo es un canto de valor? Yo solo veo sombras que discuten y se
empujan al abismo infernal como describió el poeta florentino. Solo observo la bastardización
de causas urgentes que se enmarcan en pautas ideológicas absurdas. Lo único que
se escucha en el viento de la región más amarillenta del aire son aullidos espectrales
que provienen de un cuerpo sin cabeza. Si escuchamos con atención percibiremos
el murmullo de la derrota que se manifiesta con un “Así son las cosas” o un “Es
parte de la resistencia” o también “Estudiar es resistir”. Necesitamos, nos
urge un grupo que realmente se interese por los intereses históricos,
materiales e institucionales de los estudiantes. Soy consciente que estaremos
jugando con las mismas piezas de quienes buscan reprimir, mas hasta que exista
un grupo en México que represente los intereses del proletariado todos estos
intentos por “revolucionar” serán puro sebo. Hasta el momento debemos garantizar
condiciones adecuadas para el estudiantado y los que siguen de nosotros. Las
luchas sistemáticas más profundas no se pelean en el aula o en la facultad, se
hacen en la calle donde los sujetos se ven sometidos a enriquecer a otros con
su miseria. Considero que antes que escuchar los cantos de la juventud
latinoamericana con esperanza, debe nacer la indignación hacía aquellos que someten
y perpetúan el sometimiento (incluyendo aquellos que dentro de su ignorancia busquen
esto). A aquellos que la incredulidad los posiciona en el escepticismo deben
ser tratados como posibles camaradas, mas aquellos que siguen buscando el interés
individual deben ser rigurosamente criticados.
Siento que tal vez estoy dejando de
lado la crítica hacia la producción literaria y el papel de las nuevas generaciones
ante la poesía que presenta la novela; sin embargo, considero que primero es
importante definir mi posicionamiento político/material para después buscar la
innovación literaria que responda a esta forma de pensar. A pesar de que mis
palabras aparentan rigurosidad ante el mensaje final del texto, debo confesar que
la novela permitió que me cuestionará mi papel dentro de la producción literaria
y me impulsara a nuevamente luchar por aportar algo a este noble arte (si este
era un objetivo[4]
del texto, lo logro totalmente). Peco de idealista y de joven poeta, mas siento
que el tiempo curtirá estos pensamientos para que mi obra literaria tenga un mínimo
de valor. Este blog posiblemente es la manifestación de este deseo de superarme
y observar mi proceso de escritura más allá de la evolución de pensamiento
crítico-estético. En estos momentos estoy seguro de una sola cosa: debo huir
como dé lugar a la estética de manufacturación en serie, someter los temas
actuales al discurso literario y, sobre todo, mantener un posicionamiento
crítico ante un sistema de producción que se está cayendo a pedazos. Ahí se
encuentra hasta ahora mi propuesta estética (que por el momento “propuesta” es
un decir porque todavía no propongo algo): una literatura del siglo XXI que no
centre el foco en un solo punto, sino la manifestación de todos los procesos
sistemáticos de sometimiento que mediante el discurso literario se va
revelando. La literatura no estará sometida a la ideología, mas tendrá
conciencia que es un producto ideológico. Mis palabras buscaran las letras
elevadas, mas no solo las que dicte la academia. Las musas que me acompañaran serán
todas aquellas que susurren relatos de indignación y esperanza. Buscaré la
corona de Apolo entre los rayos rubios de inspiración hispánica y las motas de
polvo en una escoba a las afueras de un burdel. Tomaré todo esto que parecen puras
arengas quijotescas y encontraré los molinos de viento que se ocultan tras los
gigantes. Creo que es suficiente motivación, cerrare
el grifo de mis presunciones heroicas y me pondré a escribir. Hasta la próxima.
[1] Rescato
cuando Auxilio al fin nos explicará porque se lleva la mano en la boca cada vez
que habla y al principio aparenta que enunciará algo obvio “la tensión de los
nervios” para después enunciar una aseveración desconcertante “la tensión de
los nervios de la sociedad”.
[3] Cuando
nos tiren un hueso roído para demostrar su interés por nosotros no nos hagamos
los sorprendidos.
[4]
Creyendo que los textos tienen objetivos.
Comentarios
Publicar un comentario