Ir al contenido principal

En la búsqueda de la obra maestra: Hamlet (¿1601?) de William Shakespeare | Opinión

 


Tengo que confesar algo. Mi experiencia estética con la obra hoy analizada fue sumamente imprecisa. Existía una búsqueda incesante por el giro maestro, por la impresión gloriosa, por el recurso inédito, por la sorpresa enajenante, por el orgasmo estético, por la maravilla encontrada. Todo eso esperaba, mas he terminado la obra trágica y sigo con la impresión de que no era para tanto. Reconozco que exaltará gravemente mi anterior afirmación a los pechos sedientos de confirmación. No puedo fingir la desilusión de no corresponder a las voces que surcan la hegemonía literaria. Sin embargo, me mantengo firme: no fue para tanto. No recurriré a la pedantería hispánica (tan utilizada por serviles críticos vetustos que destacan más por sus afirmaciones que por sus argumentos) que recurre a la invocación de la obra magna para realizar un juicio de valor,
mas considero pertinente afirmar que dentro del cúmulo reducido de las obras que he leído existen textos que destacan por ser más transgresores al discurso literario. No niego los grandes logros de Hamlet: aplaudo con entusiasmo su posición transgresora a los severos estatutos de la poética aristotélica, reconozco la importancia histórica para inspirar a autores ingeniosos, celebro la crítica sobre las ventajas sistemáticas de los nobles y encomio la habilidad del autor para construir metáforas ingeniosas que no se subordinen a la tradición grecolatina. Sin embargo, es innegable que estas flores de alabanza se pueden aplicar a otras grandes obras de la literatura. Formulo mi pregunta de forma directa: ¿qué tiene de especial esta obra trágica, más allá de ser pedestal para los autores románticos?

El lector lacrimoso vociferaría desesperado ante mi aparente ceguedad y simpleza. No me importa en lo más mínimo, puedo sustentar todas mis anteriores afirmaciones con en el hecho de invocar en el lector cualquier reminiscencia de la obra trágica y compararla con obras análogas que hacen prácticamente lo mismo: inspiración para otros autores, La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (1554); crítica sobre las ventajas sistemáticas, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605); construcción de metáforas ingeniosas no subordinadas, Vida nueva (1294); y la trasgresión de las unidades aristotélicas, Fuenteovejuna (1619). Puedo intuir que parte de la importancia histórica de esta obra trágica radica en que fue instrumentalizada en el siglo XIX por un grupo de escritores que encontraron en él los elementos oportunos para basar sus estatutos estéticos.

No cometeré el error de encerrarme en la crítica parcializada, buscaré otra ocasión para realizar una relectura de este texto. Quizás pueda navegar junto a la marea que reconoce un valor excepcional. Mientras seguiré en la búsqueda incesante de la obra maestra.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Doña Perfecta (1876) de Benito Pérez Galdós | Apunte

Observo la novela con detenimiento. Palpo las hojas añejas y amarillentas. Percibo el aroma del papel apolillado que susurra épocas encerradas entre sus hojas. Alzo la mirada una vez terminada la lectura y pregunto en voz alta: «¿Qué decir de esto?» Me veo asumido en un maremoto de ideas, temas, observaciones y virtudes literarias: «Estoy ante una gran obra», vuelvo a proferir.  Recuerdo la crítica literaria que he leído someramente con anterioridad y me extraña la condescendencia con la que describen el texto: “La obra más destacable dentro de su catálogo de tesis”.   Yo solo puedo seguir afirmando con alegría y emoción: «Estoy ante una gran obra». Considero que la única forma de exponer mi experiencia estética es a través del discurso personal, introduciéndome a la ficción como un glosador que encuentra el texto debajo de las ruinas de una población española, cuyo nombre ilustre resalta en los libros de historia. Aportación invaluable del insigne letrado don Cayetano. ...

Poema de Mio Cid (1200) | Reflexión

Después de mi lectura de este cantar de gesta, me vi en la necesidad de comentar algo que no se suele discutir dentro de los círculos literarios o académicos y es sobre su proto-crítica a la nobleza por encima de la virtud. [1] Para esto es necesario retomar el pasaje de la corte organizada por el rey Alfonso ante la afrenta de los infantes de Carrión hacia las hijas del Cid. Observamos indudablemente como los intereses de los personajes circulan entre cuatro conceptos fundamentales: justicia, honor, linaje y derecho. Ante esto el que en buena hora nació exige ante el rey la devolución de las riquezas entregadas a sus yernos por haber incumplido el contrato social que estaban obligados salvaguardar. Una vez entregados los bienes civiles, el protagonista exige un duelo para recuperar el honor de sus dos hijas. Los infantes y familiares argumentan en contra, afirmando que, debido a su linaje, ellos tienen el derecho de desechar a cualquier mujer que no sea hija de reyes o emperadores....