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El eterno femenino: farsa (1975) de Rosario Castellanos | Reseña

Una comparación injusta, pero necesaria

Es importante destacar un hecho precedente: la lectura previa de la novela Entre visillos (1957) de Carmen Laforet. El aroma desconcertante de sus palabras y sus mensajes intrincados en una aparente crítica al carácter monótono de la vida de la mujer madrileña parecen ser el punto de partida para un texto transgresor. Sin embargo, se queda en la simple representación panfletaria sin acatar una clase de lenguaje literario más impresionante. Tiene valor el texto por el hecho de infiltrar este tipo de discurso dentro de la asfixiante y déspota España franquista, mas no se glorifica con su propia estructura textual. Ante esto, mis meditaciones se dirigieron a la revelación de una clase de tendencia de algunos textos poco privilegiados por priorizar el mensaje ideológico al recurso lingüístico-literario. Por fortuna, mis indagaciones me llevaron a buscar más textos que sean conocidos por su marcado contenido ideológico-crítico. Me encontré en esta búsqueda una obra de teatro: El eterno femenino (1975) de Rosario Castellanos.

Tengo que confesar que mis primeras impresiones fueron desconcertantes. El absurdo del hilo dramático y la persistencia por una clase de crítica ideológica sobre el estado de la mujer me advertían que probablemente tendría que enfrentarme a un texto que se deja seducir por las mieles de la indignación. Puedo decir con una alegría inconmensurable que me equivocaba. Quisiera decir de la forma más ramplona posible mi impresión estética: ¡Qué delicia de obra! Una clara conciencia del lenguaje cinematográfico y el uso de escenas aisladas permiten observar un collage de escenarios que presentan condiciones de desigualdad del sexo femenino ante una sociedad que la limita. La base de la crítica social esta en desarticular estereotipos y discursos que son relacionados directamente con un estado “natural” hacia la mujer. El eterno femenino recorre una excursión satírica[1] que sumerge los ideales históricos,[2] sociales[3] y religiosos[4] en un pozo infecto de lo grotesco. Puedo afirmar, sin ningún reparo, que este texto utiliza el discurso literario, cinematográfico y dramático para lograr desnudar estos elementos que posicionan a la mujer en un terreno de desventaja social. Lo anterior me permite introducir en este texto crítico el análisis del personaje de Lupita: construcción simbólica de las posibilidades potenciales de una mujer que está a punto de casarse. Destacando como prácticamente recorre todas las clases sociales[5] y construcciones discursivas que puede encasillarse una mujer mexicana. Lupita a través de una tecnología futurista puede vivir esas perspectivas para percatarse del horror de ser mujer en una sociedad que la desprecia por su sexo.

Es inevitable que realice una comparación con la obra anterior mencionada de Martín Gaite, ya que prácticamente la distancia discursiva que pretende esa novela llega únicamente a representar la vida de burguesas que se percatan que deben salir adelante. Ignora las ventajas sistemáticas y nos muestran a Sofía como un personaje del proletariado que se esta esforzando por salir adelante. Esto, aunque parezca un sinsentido, es el principal problema, ya que ignora toda la desigualdad sistemática en la que está sometida la mujer proletaria. El eterno femenino logra escapar de esta tendencia tan repetida dentro de la literatura crítica para mostrar los matices tan cruciales de una representación de la desigualdad sistemática.



[1] Disculpe lector apolillado y académico la falta de rigor.

[2] La figura de la Malinche (la conquista), Sor Juana Ines de la Cruz (etapa novohispana), Rosario de la Peña (el Romanticismo) y la Adelita (la Revolución mexicana).

[3] La idea de la “mujer decente”.

[4] Eva como autora del pecado original e, por ende, iniciadora de una deuda histórica.

[5] Lumpenproletariado, proletaria y burguesa.

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